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Breve historia de la ética; una aproximación economicista

martes 21 de octubre de 2014, 14:28h
Breve historia de la ética; una aproximación economicista

Por Ricardo Seoane

¿Llegará a haber un atenuante psicológico para el compliance officer?

TITULO - Breve historia de la ética; una aproximación economicista

En el contexto actual del nuevo paradigma de la sostenibilidad y la ética corporativa se hace necesario, vista la confusión existente, fijar los términos de la discusión para poder enfocar el problema de la ética en compliance desde un mínimo rigor conceptual.

Etica es una de las palabras más complejas y controvertidas en cuanto a semántica, etimología, y abstracción conceptual de su significado; tanto por la cantidad de avatares que ha sufrido a lo largo de la Historia, como por su grandilocuencia, como por haber funcionado tradicionalmente como un verdadero nexo entre la ley y la calle, en el sentido de que la moral y las buenas costumbres son, en mayor o menor medida, fuentes del derecho en todos los sistemas jurídicos del mundo. Podríamos decir que la ética representa la reminiscencia del derecho natural en los tiempos modernos.

Ya hay severas discrepancias respecto a su origen, hay quienes lo atribuyen al término griego êthos, que significa ‘carácter’, y quienes lo ligan a ethos, que significa ‘costumbre’. La distinción, como veremos no es baladí, ya que supone optar entre el reconocimiento de valores universales indiscutibles y superiores a toda raza o condición humana; y la relativización del concepto haciéndolo depender de multitud de factores culturales, geográficos y temporales.

A estos efectos diremos que, por mucho que se pretenda abstraer el significado, su equivalente moral, que proviene del latín mos, moris que significa costumbre, unido al tenor literal del Código Civil (costumbre local probada, uso jurídico) no deja lugar a dudas sobre la opción elegida por el legislador en la normativización del término. Mores maiorum consuetudo, la costumbre de los antepasados, ya era fuente principal en derecho romano.

Históricamente, en la Filosofía Occidental, el concepto ha dado también muchos bandazos, no ya desde que se produjo la escisión entre filosofía y religión gracias a la ruptura del pensamiento de Ockham respecto a toda la filosofía medieval, en su defensa de la separación absoluta entre razón y fe, sino también en cuanto al posicionamiento de autores respecto a una u otra opciones semánticas antes descritas. Hay quienes, como Inmanuel Kant, desde el punto de vista del imperativo categórico, apuestan por la opción formal, y quienes, como los utilitaristas, se decantan por la visión economicista del asunto.

En el fondo, lo que estamos tratando se reduce, en términos más llanos, a una cuestión básica; mientras que en el deontologismo formal de Kant la máxima sería “no hagas al otro lo que no quieras que te hagan a ti”; en el utilitarismo británico la frase sería; "el máximo bienestar para el máximo número” ó “mínimo daño para máximo número de personas”.

El utilitarismo inglés de Bentham y Stuart-Mill parte del concepto de utilidad, que no es otra cosa que la relación entre coste y beneficio, a su vez en estrecha relación con el concepto de riesgo, y el colofón economicista de aversión al riesgo, en función del ratio risk-reward, que preside la lógica empresarial de la gestión moderna del riesgo.

Es curioso comprobar cómo no resulta casual no gratuito el hecho de que, mientras en los países de tradición católica, herederos de la doctrina moral aristotélica a través de Tomás de Aquino (Summa Teologica) y Agustín De Hípona (Civitatis Dei), aún no han asumido una función de gestión de riesgo empresarial plenamente desarrollada e interiorizada en el seno de las empresas. Mientras tanto los países de tradición protestante ya llevan aplicando el concepto moderno de riesgo como pieza clave de la gestión en la empresa.

En el S XX con la era industrial y la nueva dimensión del capitalismo se empezó a estudiar la llamada psicología organizacional, que grosso modo, analiza el comportamiento del individuo inmerso en un contexto concreto de colectividad, prejuicio y temor. Ello junto con el estudio de los procesos internos y colectivos de toma de decisiones, da una nueva y determinante dimensión al análisis de la ética en la toma de decisiones que en el estado del arte actual ha evolucionado hacia lo que se viene conociendo como Neurociencia, y más concretamente, ciñéndonos a los procesos decisivos en el cerebro humano en la vertiente negocial, Neuroeconomics. Aunque todo esto está en pleno proceso de gestación y queda mucho por investigar al respecto, lo cierto es que el componente psicológico conductual tiene mucha importancia en la toma de decisiones, y consecuentemente en la de decisiones no éticas, contrarias incluso a los valores que cada cual tenga como propios, o delictuales.

De aquí se desprende que el sesgo cognitivo en sus diferentes variantes de obediencia ciega, presión de grupo, etc, que serán tratadas en el momento oportuno, condiciona gravemente la interiorización de los valores éticos, e influye por tanto en la dinámica de la formación de la voluntad en la toma de decisiones.

Esto es muy importante en lo que a modelos de compliance se refiere por cuanto está comprobado que la mayor parte de las personas que delinquen en las organizaciones no son realmente delincuentes, sino que lo hacen en virtud de la complejidad y presiones de las situaciones a que se enfrentan, en un contexto que puede llegar a nublar la razón.

Se trata de demostrar cómo la irracionalidad preside la toma de decisiones no éticas o incluso delictivas, en lugar de pensar que todo acto criminal, ilegal o amoral, se realiza desde un cálculo racional de riesgos y beneficios esperados. (Esta última reflexión nos debería hacer pensar si la teoría del riesgo que se está aplicando en compliance es la correcta para la sana coherencia entre ética y compliance, deseable en cualquier sistema legal que se precie).

Un caso de estudio digno de ser recordado en lo que se refiere a la vertiente economicista de la ética es la historia del Ford Pinto en los años 70, a la que nos remitimos para ser recordada en un siguiente post.

Aparte de otras lecciones que nos da el estudio del caso sobre lo que se denomina ceguera ética (ethical blindness) cómo el comportamiento humano puede verse inclinado a realizar actos poco éticos, ilegales o delictivos en función del contexto organizacional, provocando comportamientos irracionales que, pensados fríamente, nunca hubiesen sido cometidos, pero que, dentro de un contexto determinado, resultan comprensibles aunque desde fuera resulten inmorales o incluso reprochables penalmente.

Nos ocuparemos en lo sucesivo del estudio de la psicología organizacional como vector de análisis obligado en los programas de compliance, pero en todo momento la pregunta clave sobrevolará el análisis como un fantasma;

Podría el sesgo cognitivo aliviar la responsabilidad penal en el seno de la empresa?

A modo de como los atenuantes psicológicos atenúan la responsabilidad criminal no sería descabellado apreciarlos en entornos empresariales de fuerte presión contextual.

Os remitimos al próximo capítulo sobre la historia del Ford Pinto que no tiene desperdicio, y que a más de uno le resultará familiar.

FUENTE: Autor para ControlCapital.Net

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    Últimos comentarios de los lectores (2)

    298 | Paz - 21/01/2015 @ 21:06:49 (GMT+1)
    Me parece muy interesante el artículo y en cuanto a esta frase: "Esto es muy importante en lo que a modelos de compliance se refiere por cuanto está comprobado que la mayor parte de las personas que delinquen en las organizaciones no son realmente delincuentes, sino que lo hacen en virtud de la complejidad y presiones de las situaciones a que se enfrentan, en un contexto que puede llegar a nublar la razón." Me pregunto, si aun con todo, si no se requiere una cierta predisposición a justificar conductas poco éticas, o que el fin justifica los medios, o la conservación del puesto, honores y distinciones y privilegios añadidos. Realmente, conozco personas verdaderamente honestas que han soportado enormes presiones psicológicas e inclusive amenazas y se han mantenido incólumes. En cambio, los que he visto caer pude comprobar que eran un tanto ligeros de conciencia. Me preocuparía la aplicación de atenuantes a estafadores que han causado enormes daños solo por el hecho de la existencia de la presión que conlleva una situación de grave perdida empresarial, desacreditación ante jefes o clientes. Tal vez no lo haya entendido correctamente. En todo caso, muy interesante.
    288 | Altina Rento - 14/10/2014 @ 00:13:10 (GMT+1)
    También es eso mi pensamiento: "el sesgo cognitivo en sus diferentes variantes de obediencia ciega, presión de grupo, etc, que serán tratadas en el momento oportuno, condiciona gravemente la interiorización de los valores éticos, e influye por tanto en la dinámica de la formación de la voluntad en la toma de decisiones"

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